
X Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1-6
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Delante de él había un hombre enfermo de hidropesía.
Jesús preguntó a los doctores de la Ley y a los fariseos: «¿Está permitido curar en sábado o no?» Pero ellos guardaron silencio.
Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo curó y lo despidió. Y volviéndose hacia ellos, les dijo: «Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su hijo o su buey, ¿acaso no lo saca en seguida, aunque sea sábado?»
A esto no pudieron responder nada.
Palabra del Señor.
Reflexión
Las discusiones sobre el sábado que tiene Jesús con los fariseos son muchas y nos revelan el sentido evangélico de la ley de Cristo que no va primordialmente a lo exterior sino al interior del hombre.
Nuestra rigidez farisea nos puede llevar a hacer de la Ley un fin en sí mismo, en lugar de un instrumento o un camino para llegar al fin, que es encontrar a Cristo..., a ese Cristo que vive hoy en su Iglesia y en nuestro prójimo.
La ley, las normas, sirven de carril para andar más rápido. Un tren no anda por el medio del campo sino sujeto a las vías que le permiten correr. No puede andar un tren a campo traviesa porque se detiene irremediablemente. Así es con la Ley, que es un carril para correr en la vida, pero es un medio, no un fin en sí mismo.
Nuestra parte de fariseos nos hace a veces tomar la Ley o la costumbre como algo rígido, incambiable.
No nos damos cuenta muchas veces, que la vida no puede ni debe encerrarse en moldes absolutamente rígidos.
Por eso Jesús con esta curación en día sábado quiere mostrarnos que la observancia externa de una ley nunca puede ir en desmedro de la ley interna de la caridad.
Jesús vuelve a presentarse como el liberador del hombre. Jesús nos libera de toda opresión, ya sea del cuerpo o del espíritu.
Cuando el Señor libera al hombre del mal, lo salva. Y esa salvación es la mejor forma de santificar el sábado y la misma ley. Si el sábado era el día del Señor, entonces será el día del amor, de la misericordia hacia los hombres, porque para Jesucristo la ley consiste en el amor y en su Evangelio, la única ley que rige, es la ley del amor.
Este evangelio, también nos lleva a reflexionar sobre la bondad infinita de Dios.
El hombre enfermo no pidió a Jesús que lo curara. El pasaje del Evangelio no dice que ni siquiera haya hablado.
Dios en cambio “vio” la necesidad del hombre y “lo socorrió”.
Vamos a pedirle a Jesús, que haga que siempre privilegiemos “el amor” por sobre el simple cumplimiento rígido de las leyes.
Que María nos ayude siempre a recurrir a Jesús en nuestras necesidades, tanto materiales como espirituales. Jesús es el Salvador y el Liberador de todos nuestros males, acudamos a Él con confianza y humildad.







